Noticias Villa Union
Advertisement
Inicio
miércoles, 22 de octubre de 2014
 
 
Una multitud visitó a “Miguel Ángel Gaitán “en su cumpleaños. PDF Imprimir E-Mail
 Imagen de muestra
Una multitud llegó la ciudad de Villa Unión  con motivos de visitar el cementerio local para cumplir con el “Angelito Milagroso” en el día de su cumpleaños, ocurrió este lunes 9 de julio “Miguel Ángel Gaitán” cumplió unos 46 años.

Nacido un 9 de julio en un frió día patrio de 1.966, de un embarazo y parto normal, y su madre fue atendida en el momento por la señora Marta Juliana Álvarez, una amiga de la flia Gaitán, con domicilio en el barrio San José de esta localidad, Miguel Ángel nació sano como se dice lleno de vida.   Cabe acotar que este niño fue bisnieto de de don Cándido Caliva un conocido naturalista de la  zona y que fue en vida un personaje muy querido y solicitado de muchos lugares de nuestra provincia y provincias vecinas, por sus acertadas curaciones que realizaba a sus pacientes. 

Así transcurrían los días y Miguel Ángel crecía juntos a sus hermanitos, con el cuidado de sus padres, en el tranquilo barrio de la Virgen de la Peña, pero a los pocos meses la flia Gaitán se traslado a la localidad de Banda Florida, donde este niño esperaba su primer añito de vida, junto a  sus hermanitos jugaba y se entretenía, como cualquier niño de sus edad. Pero una fría noche del 24 de junio de 1.967 a eso de la una de la madrugada en un aniversario más de la natividad de San Juan Bautista, Miguelito enfermó. Despertándose con desasosiego entonces doña Argentina le suministro un aspirina y Miguel Ángel se duerme, así transcurrieron algunas horas con la tranquilidad de que el niño se mejoró pero no fue así, pues a las cinco de la madrugada despertó con los músculos relajados casi sin movimiento igual que un muñequito, entonces doña Argentina junto a su esposo muy preocupados y alertados toman una decisión en forma inmediata, trasladarlo a Villa Unión distante a dos kilómetros de esta localidad, llevándolo al consultorio del Dr. Rafael Villagra, (ya fallecido) y en cuyo domicilio doña Argentina prestaba sus servicios de cómo empleada de la flia Villagra. Entonces el médico decide que Miguelito debía permanecer en su domicilio para una mejor atención. 

El facultativo lo asiste personalmente con inyectables, preocupándose por la salud del niño, pero Miguel Ángel no respondía adecuadamente a los medicamentos que se le suministraban y su cuadro se tornaba muy difícil. Pasaron así las horas y al no haber ninguna mejoría, los padres le solicitaron al médico se les autorice la derivación del niño, a la ciudad de Chilecito en cuyo hospital contaban su aparatología, de mayor complejidad, el Dr. Villagra al ver la desesperación de los padres, por recuperar la salud de su pequeño hijito accede al pedido de los mismos, así parte una ambulancia con el entonces chofer don Mario Alba y la enfermera doña Reina de Páez como siempre se hace en estos casos para prevenir cualquier emergencia por el camino.

Sin embargo y a pesar que el médico les dijo que el caso era prácticamente irreversible, se actuó con toda premura, pero todo fue en vano, ya que aproximadamente a las once y treinta de la noche, en la Cuesta de Miranda en el paraje denominado “El Cachiyuyal” que separa Villa Unión del Dpto. Chilecito, tras una descompostura sufrida por su madre, Miguel Ángel Fallecía. Fue una fría noche de junio de 1.967 justo en el día de la natividad de San Juan Bautista, cuando faltaban algunos días para cumplir un añito de vida, el era ya un elegido de Dios o Miguelito nació para ver la luz y jugar con sus hermanitos, conocer a sus padres unos pocos meses de su corta vida en este mundo terrenal. 

El otoño desnudaba las plantas, como también la muerte desnudo el corazón de Bernabé y de Doña Argentina. La ambulancia regreso a Villa Unión trayendo el cuerpito de Miguelito, ya sin vida y fue entregado a sus familiares para el velatorio en Banda Florida. Solo dolor y crisantemos había en el humilde hogar de la flia Gaitán, y él desde una sillita, con sus alas blancas y su escalerita que tradicionalmente se usaba con la creencia de que el niñito que muere llegará en esa forma al reino de los cielos. Y miguelito parecía sonreírle a la luz del único cirio que alumbraba el dolor de sus padres.

Así pasaron los pocos meses, y él se fue con su alma pura y limpia, sin conocer el pecado. Se le dio cristiana sepultura en el cementerio de Villa Unión, en el barrio San José, pero al parecer Miguel Ángel no nació ni murió para ser olvidado. Su muerte quizás sirvió, para que no olvidemos que todos venimos al mundo con una misión y cumplir con un mandato de Dios. Cuando transcurre el tiempo después de muerto solo son recordados aquellas personas que se destacan con ejemplos y obras así merecen ser recordadas por las generaciones a través de los tiempos. Aquella fue una tarde fría de invierno muy poca gente acompaño a Miguelito al cementerio solo familiares y unos pocos amigos de la familia Gaitán fueron a despedir al angelito fue una simple ceremonia y el adiós, el volvía a la madre tierra que lo vio nacer. 

Así pasaron algunos años muchos lo habían olvidado, solo algunas flores adornaban la pequeña cruz de su morada, flores que los días lunes le llevaban  papá y mamá o algunos familiares de este niño, quien mas podía recordar a un angelito que transcurrió su tan corta vida entre nosotros, solo el amor y el recuerdo de sus padres. 

Así transcurrió el tiempo pero una noche de verano, que presagiaba tormenta y llovió mucho sobre Villa Unión, quizás fue esa lluvia que desencadenaría los hechos que se sucederían hasta estos días.

Por la mañana abrió un sol radiante en ese entonces cumplía sus tareas como panteonero, el señor Silverio Vega (ya fallecido) y obrero municipal, cuando don Silverio se encontraba abocado a la labor de la limpieza le llamo la atención, el cajoncito de un angelito que apareció a flor de tierra y que a pesar del tiempo transcurrido estaba bien conservado. Este señor busco a los deudos para comunicarles lo sucedido, y don Silverio con buena voluntad le construyó una bóveda para resguardar los restos de Miguelito.

Después de construida la bóveda pasaron algunos días, y para sorpresa de este señor ve que la misma estaba con sus paredes caídas, y el cajoncito al descubierto, este señor le construyo dos o más veces la bóveda a Miguelito pero siempre pasaba lo mismo, al parecer Miguel Ángel se negaba a permanecer cubierto y se lo dejó así como estaba, el cajoncito permaneció abierto y destapado por mucho tiempo sin que nadie supiera jamás como se le salía la tapa del mismo, dejando el cuerpito del Angelito expuesto totalmente a las inclemencias del tiempo.     

 
< Anterior   Siguiente >









 
General Systems